“Una fe no ciega.”
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Si eres padre o madre de niños pequeños —o si lo fuiste y ya crecieron— hay algunas cosas que sabes con toda seguridad. Y si aún no tienes hijos, te conviene escuchar esto, porque aquí hay bastante sabiduría.
Los niños pequeños parecen tener solo tres emociones: felicidad pura, tragedia dramática e ira incontenible.
No controlan esas emociones y pueden pasar de una a otra en dos milisegundos.
Mientras más suciedad, más diversión.
Silencio en casa… algo no está bien.
Esto se aprende a punta de experiencia: no en libros, no en clases, sino con experiencia dura, cruda y real.
Soy originario de México y formo parte de los seguidores de la NFL fuera de Estados Unidos. Sí, el futbol americano también es famoso fuera de EE. UU.
En 2021 estábamos en casa de mis padres viendo cómo Tom Brady lideraba a los Tampa Bay Buccaneers en la paliza que le dieron a Mahomes y a los Kansas City Chiefs, cuando de pronto caí en cuenta de que hacía rato que no escuchaba a Ruth.
Ella estaba jugando en el patio de la casa de mis padres. Ya habíamos apagado la parrilla; el pollo y las costillas estaban listos, y nosotros estábamos dentro comiendo y viendo el juego, mientras ella se quedó afuera jugando con sus muñecas… o al menos eso fue lo que yo creí.
Hasta que recordé la sabiduría milenaria: “Silencio en casa… algo no está bien”.
Así que salí rápidamente al patio para ver qué estaba haciendo Ruth y me encontré con que la pequeña Ruth, de tres años, había encontrado el labial de la abuela y había decidido crear una obra maestra… (foto).
Ruth se había convertido en un minión rosa.
Conozco a mis hijas y sé que, si no las escucho peleando y luego llorando dramáticamente como si les estuvieran extirpando un riñón sin anestesia, o si no las escucho riéndose hasta las lágrimas, o si no oigo que están viendo los dibujos animados que les gustan, algo anda mal. Y lo sé no de forma técnica, sino por experiencia.
Mantén esto en tu mente, porque nos será de mucha utilidad mientras revisamos Génesis 22 y aprendemos sobre dos términos que a menudo se consideran normales en la vida cristiana: “fe” y “conocimiento”.
He escuchado a algunas personas decir que, para seguir a Jesús, se requiere una fe ciega; que es necesario apagar el cerebro y seguir, como robots, un cuento de hadas transmitido de generación en generación. Pero no es así. Seguir a Jesús, tener fe, no tiene nada que ver con una fe ciega.
El hecho de que no podamos ver no significa que nuestra fe sea ciega, porque la fe verdadera descansa en conocer a la persona en quien hemos puesto nuestra fe. La fe que Dios acepta no es una fe ciega; es una fe no ciega, una fe que descansa plenamente en Él.
El autor de Hebreos dice:
puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe…
Así que, vayamos a Génesis y roguemos al Padre nos permita ver lo que Él quiere que veamos hoy, aprender lo que Él quiere aprendamos, ser animados, confortados o confrontados de la forma que Él lo quiera.
Aconteció que después de estas cosas, Dios probó a Abraham, y le dijo: «¡Abraham!” Y él respondió: «Aquí estoy».
Y Dios dijo: «Toma ahora a tu hijo, tu único, a quien amas, a Isaac, y ve a la tierra de Moriah, y ofrécelo allí en holocausto sobre uno de los montes que Yo te diré»
Abraham se levantó muy de mañana, aparejó su asno y tomó con él a dos de sus criados y a su hijo Isaac. También partió leña para el holocausto, y se levantó y fue al lugar que Dios le había dicho.
Al tercer día alzó Abraham los ojos y vio el lugar de lejos.
Entonces Abraham dijo a sus criados: «Quédense aquí con el asno. Yo y el muchacho iremos hasta allá, adoraremos y volveremos a ustedes»
Tomó Abraham la leña del holocausto y la puso sobre Isaac su hijo, y tomó en su mano el fuego y el cuchillo. Y los dos iban juntos.
Isaac habló a su padre Abraham: «Padre mío». Y él respondió: «Aquí estoy, hijo mío». «Aquí están el fuego y la leña», dijo Isaac, «pero ¿dónde está el cordero para el holocausto?»
Y Abraham respondió: «Dios proveerá para Sí el cordero para el holocausto, hijo mío». Y los dos iban juntos.
Llegaron al lugar que Dios le había dicho y Abraham edificó allí el altar, arregló la leña, ató a su hijo Isaac y lo puso en el altar sobre la leña.
Entonces Abraham extendió su mano y tomó el cuchillo para sacrificar a su hijo.
Pero el ángel del Señor lo llamó desde el cielo y dijo: «¡Abraham, Abraham!» Y él respondió: «Aquí estoy».
Y el ángel dijo: «No extiendas tu mano contra el muchacho, ni le hagas nada. Porque ahora sé que temes a Dios, ya que no me has rehusado tu hijo, tu único»
Entonces Abraham alzó los ojos y miró, y vio un carnero detrás de él trabado por los cuernos en un matorral. Abraham fue, tomó el carnero y lo ofreció en holocausto en lugar de su hijo.
Y Abraham llamó aquel lugar con el nombre de El Señor Proveerá, como se dice hasta hoy: «En el monte del Señor se proveerá».
El ángel del Señor llamó a Abraham por segunda vez desde el cielo,
y le dijo: «Por Mí mismo he jurado», declara el Señor, «que por cuanto has hecho esto y no me has rehusado tu hijo, tu único,
de cierto te bendeciré grandemente, y multiplicaré en gran manera tu descendencia como las estrellas del cielo y como la arena en la orilla del mar, y tu descendencia poseerá la puerta de sus enemigos.
»En tu simiente serán bendecidas todas las naciones de la tierra, porque tú has obedecido Mi voz»
Entonces Abraham volvió a sus criados, y se levantaron y fueron juntos a Beerseba. Y habitó Abraham en Beerseba.
1. Una fe no-ciega escucha la voz de Dios porque conoce quién es Dios (Gn 22:1–2).
1. Una fe no-ciega escucha la voz de Dios porque conoce quién es Dios (Gn 22:1–2).
Abraham es un personaje muy famoso en las Escrituras. En el Nuevo Testamento Mateo, Lucas, Juan, Hechos, Romanos, Gálatas, 2 Corintios y Santiago lo mencionan.
Pero ¿quién fue éste hombre?
Hagamos un breve repaso.
Abraham era un hombre pagano a quién Dios se le reveló. Originario de la ciudad de Ur de los Caldeos, al sur-oeste del actual Irak.
Esto es importante porque, cuando Dios le habló por primera vez, Abraham “no creía en Dios”, él creía en muchos dioses:
Nanna – dios de la lunaEl dios principal de Ur. El famoso zigurat de Ur estaba dedicado a él. (Foto)
Utu – dios del sol y de la justicia
Inanna – diosa del amor, la fertilidad y la guerra
Anu – dios del cielo
Enlil – dios del viento y del poder
Ea – dios de la sabiduría y la creación.
Cierto día, Abraham escuchó a “un nuevo Dios”, uno diferente, uno que por primera vez le hablaba y le pedía que dejara su familia, su tierra y que lo siguiera a dónde Él lo llevase y él lo obedeció.
Ahora bien, quizá si eres como yo podrías preguntarte ¿por qué le hizo caso? ¿Cómo alguien deja su estabilidad y su contexto para ir en pos de algo que no se sabe? Pues aquí está el primer punto relevante. Este “nuevo Dios”, era muy diferente. ¡Éste nuevo Dios hablaba! Te puedo garantizar que Abraham no escuchó a ninguna de esas estatuas decir una sola palabra pero este nuevo Dios habló y más aún, Abraham escuchó.
La fe no-ciega nace de escuchar la voz de Dios.
Después, Dios le prometió que de Abraham saldría una gran nación, aun cuando él y su esposa Sara no podían tener hijos y ya estaban viejitos.
Después de muchos años de espera, dudas, tropiezos y pruebas, Dios finalmente cumplió su promesa y les dio a Isaac, el hijo prometido. Isaac no solo era su hijo amado, sino también la evidencia visible de que Dios cumple lo que promete.
Desde la primera vez que Abraham escuchó la voz de Dios por primera vez hasta lo que acabamos de leer en Génesis 22 ya habían pasado cuarenta años.
Cuarenta años de conocer poco a poco a Dios.
Abraham no comenzó con una “fe madura”; su fe fue creciendo a medida que conocía quién es Dios.
Ahora bien, pongamos atención de nuevo en los primeros verso que leímos.
Aconteció que después de estas cosas, Dios probó a Abraham, y le dijo: «¡Abraham!” Y él respondió: «Aquí estoy». Y Dios dijo: «Toma ahora a tu hijo, tu único, a quien amas, a Isaac, y ve a la tierra de Moriah, y ofrécelo allí en holocausto sobre uno de los montes que Yo te diré»
Cuando Dios habló, Abraham respondió.
¿Dios te está hablando? ¿Estás respondiendo?
Dios, habiendo hablado hace mucho tiempo, en muchas ocasiones y de muchas maneras a los padres por los profetas,
en estos últimos días nos ha hablado por Su Hijo, a quien constituyó heredero de todas las cosas, por medio de quien hizo también el universo.
¿Escuchas la voz del Hijo?
»Mis ovejas oyen Mi voz; Yo las conozco y me siguen.
Como les he dicho, vengo de otro país, y me he dado cuenta de que uno de los principales problemas de la comunidad cristiana en EE. UU. es la abundancia de cristianos “culturales”. Esta sociedad está “cristianizada”, pero no escucha la voz de Cristo.
Hay iglesias por doquier, pero no hay un verdadero avivamiento, porque no se escucha la voz del Hijo, y esto es clave. ¡Solo los que son del Hijo pueden escuchar al Hijo!
¿Estás leyendo las Escrituras?
¿Estás escuchando la voz del Hijo en ellas?
Si no es así, ¿serías capaz de considerar que hoy Dios te está llamando al arrepentimiento, para que vengas y te rindas a Él?
Para que puedas tener una vida de verdadera fe, debes tener una fe genuina. Mira lo que dicen las Escrituras:
Así que la fe viene del oír, y el oír, por la palabra de Cristo.
¿Estás escuchando la voz de Dios?
2. Una fe no-ciega: Obedece la voz de Dios porque conoce el poder de Dios (Génesis 22:3–8).
2. Una fe no-ciega: Obedece la voz de Dios porque conoce el poder de Dios (Génesis 22:3–8).
Recuerda que Abraham comenzó su historia con Dios sin conocerlo; y fue por medio de la experiencia personal que aprendió quién es Dios y cuál es su poder.
Este patrón no ha cambiado. Dios se revela a alguien que no lo conoce, y si esa persona está atenta a su llamado, poco a poco Dios le va mostrando, por experiencia, quién es Él y cuán grande es su poder. Me pasó a mí, le ha pasado a muchos, y si aún no te ha pasado, pero crees en Cristo, te arrepientes y te rindes a Él, también te pasará.
Sin embargo, tengamos cuidado, porque pareciera que hoy en día estamos un poco confundidos al creer que “conocer” es lo mismo que “saber”.
“Sabemos” la Biblia, especialmente en una cultura como la estadounidense, pero muchas veces no conocemos a Aquel de quien las Escrituras hablan.
En el versículo tres vemos algo muy interesante:
Abraham se levantó muy de mañana, aparejó su asno y tomó con él a dos de sus criados y a su hijo Isaac. También partió leña para el holocausto, y se levantó y fue al lugar que Dios le había dicho.
El resultado de escuchar la voz de Dios es obedecer a lo que Dios nos ha pedido hacer.
Ahora bien, ¿cómo fue posible que Abraham obedeciera una instrucción tan descabellada de parte de Dios?
Aquí es donde entra en juego la experiencia que había tenido con Él. Recuerda que Abraham tenía un trasfondo pagano y politeísta; había aprendido que existían muchos dioses. Sin embargo, durante cuarenta años, Dios fue llevándolo poco a poco de la mano para que aprendiera cuán grande y poderoso es YHWH.
Piénsalo por un momento, tal como quizá Abraham pudo haberlo razonado:
los demás dioses no hablan, YHWH sí habla;
los demás están encerrados en templos, YHWH no;
Él se me aparece, los otros no;
los demás dioses no pueden hacer que una mujer estéril y anciana dé a luz un hijo, YHWH sí puede;
los otros dioses no juzgaron a Sodoma y Gomorra, pero YHWH sí lo hizo.
Por lo tanto, así como 1 + 1 = 2, YHWH = poder absoluto.
Algunos podrían decirme: “Pastor, calma, te estás inventando todo esto; no le añadas a las Escrituras”. Pero a ellos les respondería: veamos lo que dice Hebreos 11:17…
Por la fe Abraham, cuando fue probado, ofreció a Isaac; y el que había recibido las promesas ofrecía a su único hijo.
Fue a él a quien se le dijo: «En Isaac te será llamada descendencia».
Él consideró que Dios era poderoso para levantar aun de entre los muertos, de donde también, en sentido figurado, lo volvió a recibir.
En aquellos días era común que la gente sacrificara a sus hijos para agradar a sus dioses, pero ese no fue el motivo por el cual Abraham obedeció. Abraham obedeció porque sabía que este Dios es único y poderoso, y que, aun cuando no entendía el cómo, Él tiene el poder para cambiar las cosas.
¡Eso es la fe! Confiar en que Dios sabe más, puede más y es más que yo. Confiar en que, aun si duele, aun si las cosas no resultan como yo quiero, aun si no entiendo, Dios sabe más, puede más y es más que yo; por lo tanto, lo obedezco.
Mira cómo respondió Abraham:
Y Abraham respondió: «Dios proveerá para Sí el cordero para el holocausto, hijo mío». Y los dos iban juntos.
¿Qué dice el texto que hizo Isaac? ¡Lo siguió! ¡Siguió a su padre “al matadero”!
Padres, nuestra confianza en Dios, nuestro amor por Dios y nuestra dependencia en Dios no se quedan solo en nosotros; impactan directamente a quienes nos siguen. ¡Nuestros hijos necesitan ver que somos nosotros quienes decimos con convicción: “Dios sabe más, puede más y es más que yo”!
Nuestros hijos necesitan seguridad, certeza y claridad. Sin embargo, muchas veces lo único que encuentran es frustración, confusión y miedo, lo cual se traduce en padres y madres llenos de ira porque no conocen verdaderamente a Dios, aun cuando los domingos todos asisten a la iglesia, pero en casa todo sigue siendo un desastre.
¡Que no sea tu caso, amada familia!
Que en casa tus hijos sean testigos de que, cuando no sabes o no puedes, vas a Dios en oración, escuchas su voz en Las Escrituras, y permites que ellos aprendan a hacer lo mismo.
Esta certeza no es un acto irracional; es una confianza que nace de haber experimentado a Dios. No se trata de un conocimiento académico, sino de “conocer” a partir de la experiencia. Pero esa experiencia no ocurre por arte de magia. Requiere que estés dispuesto a ser intencional en obedecer.
Porque es en esos momentos —cuando decides creer, cuando decides obedecer y hacer algo que va totalmente en contra de lo que tú harías, pero que se alinea con lo que Dios te está pidiendo— que ocurre algo fundamental: ¡no eres tú el que está obrando, es Dios obrando en ti!
Como dicen las Escrituras:
Porque Dios es quien obra en ustedes tanto el querer como el hacer, para Su buena intención.
3. Una fe no-ciega: Adora la gloria de Dios porque conoce el amor de Dios (Génesis 22:9–19).
3. Una fe no-ciega: Adora la gloria de Dios porque conoce el amor de Dios (Génesis 22:9–19).
Es cierto que la última parte del pasaje que estamos leyendo comienza con una escena que, a primera vista, puede parecer macabra: un padre preparando todo para matar a su hijo. Sin embargo, eso no es del todo correcto. Las Escrituras dicen:
Llegaron al lugar que Dios le había dicho y Abraham edificó allí el altar, arregló la leña, ató a su hijo Isaac y lo puso en el altar sobre la leña.
Lo que Abraham construyó no fue una mesa de operaciones ni una mesa de carnicero, sino un altar: ¡un lugar para adorar a Dios!
Cuando tenemos una fe no ciega, escuchamos la voz de Dios, obedecemos su voz y, como resultado natural, adoramos a Dios.
¿Por qué es esto importante?
Porque la adoración no es otra cosa que responder en amor al amor de Dios.
Entonces, ¿cómo estaba Abraham respondiendo en amor al amor de Dios?
Abraham estaba dejando en claro, hasta las últimas consecuencias, que amaba a Dios por encima de cualquier otra persona en el mundo. Y podía hacerlo porque sabía que era amado por Dios, ya que Dios le había hablado y se le había revelado.
Y gracias a eso podemos ver que “el ciclo del amor” se activó: por amor, Dios le habló a Abraham; por amor, Abraham obedeció; por amor, Dios intervino; y como resultado, incluso Isaac fue bendecido.
Mira lo que dice el versículo 13:
Entonces Abraham alzó los ojos y miró, y vio un carnero detrás de él trabado por los cuernos en un matorral. Abraham fue, tomó el carnero y lo ofreció en holocausto en lugar de su hijo.
¿Qué hizo Abraham después? ¡Tomó lo que Dios había provisto y adoró!
Muchos de nosotros, como cristianos, vivimos hoy sumidos en la ansiedad, el estrés y la desesperación porque no adoramos. Cuando adoramos, reconocemos quién es Dios y quiénes somos nosotros.
Una de las realidades más tristes en las iglesias modernas es que, después del tiempo de alabanza, la congregación todavía tiene voz…
¿A qué me refiero? A que, habiendo tenido la oportunidad de adorar al Rey de reyes con la ayuda de la música, habiendo tenido la oportunidad de ofrecer nuestros cantos al Padre, ¡la gente no canta!
Sé que muchos podrían decir: “Pastor, le hago un favor a la humanidad no cantando”, y quizá tengan razón. Pero ¿te has dado cuenta de que en los conciertos la gente canta a voz en cuello, sin importar si sabe cantar o no? ¿O que cuando los Huskers anotan un touchdown todos gritan y celebran, sin importar cómo suene su voz? Y al final del concierto, o al final del partido, los más apasionados terminan sin voz.
Si eso que no es eterno nos emociona tanto, hasta el grado de perder la voz ¿por qué no lo hace adorar a nuestro Dios?
¿Será, quizá, porque no conocemos de manera práctica a Aquel a quien le estamos cantando?
Si ese es el caso, hoy puedes comenzar. Dios desea que lo adoremos.
Piénsalo así: si cantar nos cuesta tanto trabajo, ¿cuánto más nos costará vivir allá afuera para la gloria de Dios?
¡Iglesia! Todo lo que hacemos en nuestra vida es, o debería ser, un acto de alabanza y adoración a Dios.
Entonces, ya sea que coman, que beban, o que hagan cualquier otra cosa, háganlo todo para la gloria de Dios.
Génesis 22 es un testimonio de adoración: el retrato de un corazón que conoce a Dios y, por lo tanto, escucha, obedece y adora. Génesis 22 nos enseña que aun en las circunstancias más difíciles podemos —y somos llamados a— adorar a Dios, porque mientras más lo hacemos, mayor es nuestra comunión con el Padre.
Tal vez hoy sientes que no tienes razones para adorar. ¿Te sientes cargado? ¿Sientes que quizá Dios se ha olvidado de ti? Permíteme decirte de parte de Dios: Él no te ha olvidado, Él te ve y Él te ama.
Que las misericordias del Señor jamás terminan,
Pues nunca fallan Sus bondades;
Son nuevas cada mañana;
¡Grande es Tu fidelidad!
Si estamos vivos hoy, es sólo por que el Eterno Dios lo ha permitido.
Conclusión
Conclusión
Familia, en Génesis 22 vemos a un hombre que conocía a su Dios.
Un hombre que había caminado con Él por décadas.
Un hombre que había aprendido, a través de la experiencia, que Dios habla, que Dios puede, y que Dios ama.
Por eso Abraham escuchó.
Por eso Abraham obedeció.
Y por eso Abraham adoró.
Su fe no fue ciega; fue una fe informada por la revelación, fortalecida por la experiencia y sostenida por el amor de Dios.
Y ese mismo Dios sigue hablando hoy. Sigue mostrando Su poder hoy. Sigue revelando Su amor hoy. La pregunta no es si Dios es digno de confianza. La pregunta es si nosotros estamos dispuestos a confiarle todo.
Tal vez hoy Dios no te está pidiendo que subas a un monte con tu hijo… pero quizá te está pidiendo que entregues un pecado que has guardado,
una relación que te está alejando de Él, un orgullo que no te deja rendirte, o una fe meramente cultural que nunca ha sido transformadora.
Una fe no-ciega no se conforma con saber de Dios. Una fe no-ciega conoce a Dios… y cuando lo conoce, responde.
En este momento quiero pedirte algo muy sencillo, pero muy serio.
Si hoy te das cuenta de que no estás escuchando la voz del Hijo, si reconoces que tu fe ha sido más cultural que viva, si entiendes que sabes muchas cosas de Dios, pero no lo conoces realmente, hoy es el día para responder.
Tal vez Dios te está llamando al arrepentimiento. Tal vez te está llamando a una fe genuina. Tal vez te está llamando a rendición total.
No ignores Su voz. Las Escrituras dicen que la fe viene por el oír, y el oír por la palabra de Cristo. Si hoy estás oyendo Su voz, no endurezcas tu corazón.
Si necesitas orar, si necesitas rendirte, si necesitas pedir ayuda, este altar está abierto.
No vienes porque seas fuerte, vienes porque reconoces que Dios es más.
No vienes porque tengas todo resuelto, vienes porque sabes que Él sabe más, puede más y es más que tú.
Si eres padre o madre, y hoy Dios te está confrontando con el ejemplo que estás dando en casa, ven.
Si has vivido con miedo, ansiedad o control, y hoy necesitas confiar de nuevo, ven.
Si nunca has puesto tu fe en Cristo de verdad, y hoy el Espíritu te está llamando, ven.
Este es un momento entre tú y Dios. Un momento para escuchar. Un momento para obedecer. Un momento para adorar.
Porque una fe no-ciega siempre responde al Dios que se revela.
ERES AMADO.
